Según tradición antigua, un sujeto que era perseguido por la autoridad judicial se escondió en la Iglesia de Santa Marina, concretamente en la base de la torre. En un hueco encontró un grupo escultórico con la Virgen de la Piedad. Este hallazgo incrementó de manera notable el fervor de los fieles del barrio, quienes desde ese momento dieron culto a la imagen.
Con el paso de los años, se acabaría creando una Hermandad de Penitencia, la de la Mortaja. A comienzos del siglo XVI, se elaboraron los primeros estatutos que serían posteriormente aprobados por la autoridad eclesiástica en 1592. El grupo escultórico saldría en el cortejo procesional hasta 1670, año en el que el taller de Pedro Roldán tallaría el gran misterio con el que podemos deleitarnos hoy en día. La antigua imagen de la Virgen fue colocada en la sacristía donde recibía la veneración de los fieles.
La Hermandad se comprometió mediante documento escrito a no sacarla de la iglesia. Pero llegados los años de la República, y ante los constantes actos sacrílegos, la Hermandad se trasladó al antiguo Convento de la Paz, en la Calle Bustos Tavera. Lugar en el que se encuentra en nuestros días.
Fuente bibliográfica: Leyendas, tradiciones y curiosidades históricas de la Semana Santa de Sevilla (Vicente Rus Herrera y Federico García de la Concha).

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