
En 1877 con motivo de la visita a Sevilla de la Reina Isabel II, las autoridades pensaron en dar un aspecto más ordenado a la Feria. Con motivo de tan insigne visita encargaron al pintor Gustavo Bacarisas un diseño. Este maestro costumbrista se basó en las lámparas chinas para llegar hasta su gran invento: el farolillo de papel.
La idea fue muy celebrada, sobre todo a partir de 1883, año en el que llegó al Real el suministro eléctrico gracias a la Compañía Sevillana de Electricidad, que realizó una instalación que sustituía a la anterior de gas. La combinación de ésta con los farolillos era muy peligrosa y provocó varios incendios . Pero a partir de la llegada de la luz, la simbiosis entre las bombillas y los faroles de papel fue perfecta . Sin embargo, hasta 1983 no se reguló en una ordenanza municipal el uso obligatorio de este adorno.
En un primer momento estos farolillos, que se instalaron por todo el recinto, no tenían luz y eran simples adornos de papel.
En un primer momento estos farolillos, que se instalaron por todo el recinto, no tenían luz y eran simples adornos de papel.
Fuentes bibliográficas:
