El retablo de la Capilla de la Inmaculada, ubicada en el trascoro de la Catedral de Sevilla, consta de un banco en el que figuran los retratos de los patronos de la capilla (Gerónima de Zamudio y Francisco Gutiérrez de Molina). Estos fueron pintados por Francisco Pacheco en 1631. La Inmaculada se encuentra en la hornacina central, flanqueada por las tallas de San Gregorio Papa y Juan Baustista, así como relieves de San José, San Joaquín, San Jerónimo y San Francisco.
La talla está realizada en madera de cedro (1,64), mientras que Francisco Pacheco y Baltasar Quintero, fueron los encargados de policromarla. Está esculpida según el modelo apuntado por Pacheco, en su obra El arte de la pintura.
Se trata de una Virgen niña, con cara redondeada, mirada baja y los ojos entreabiertos (lo que le dio el apelativo de la Cieguecita, por el que es conocida). Tiene una larga melena que cae sobre su espalda dividida. Viste una túnica larga, ceñida con un cíngulo, y un manto sobre los hombros que se recoge en el brazo izquierdo. La pierna derecha está ligeramente flexionada y las manos permanecen unidas. La cabeza está adornada con una diadema de 12 estrellas, que representan las doce tribus de Israel. A sus pies, aparecen tres rostros de ángeles y una media luna con las puntas hacia arriba. Durante el siglo XVIII, la escultura estuvo revestida con telas. En una restauración, en el año 1779, volvió a su estado original y se renovó la policromía, especialmente en los ropajes y el cuerpo.
Fuentes bibliográficas:
-arte.laguia2000.com
-danielsalvadoralmeida.com

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