El Cristo de la Clemencia es una escultura de bulto redondo, tallada en madera de cedro. El 5 de abril de 1603 el Arcediano de Carmona, Mateo Vázquez de Leca encarga a Juan Martínez Montañés, un crucificado. Este encargo, iría acompañado de unas directrices, a fin de solventar las necesidades artísticas del Arcediano. 
Dichas directrices fueron las siguientes: Cristo vivo (sin herida en el costado), cabeza inclinada a la derecha, y ojos abiertos. Vázquez de Leca, pagó a Martínez Montañés 600 ducados, más otros 300 en los que se fijó la escultura, además de 2 cahices de trigo. La talla fue encargada para el oratorio particular que Mateo tenía en la collación de San Nicolás. El Arcediano, a pesar de ser joven, estaba bien posicionado económicamente. Por lo que se pudo permitir el lujo de hacer el encargo.
Hecho destacable, es la colocación de los pies. Están en paralelo, el derecho por delante del izquierdo. Hay 4 clavos (1 en cada mano, 2 en los pies). El motivo, la visión de Santa Brígida, cuyas revelaciones fueron recogidas en los tratados de Francisco Pacheco. Cabe recordar que fue Pacheco el que policromó esta obra, y que por ello pudo llegar esta estética de 4 clavos a dicha talla.
Posteriormente, Vázquez de Leca donaría el Cristo al Monasterio de la Cartuja en 1614. Ubicado en la Capilla de Santa Ana, estuvo en este lugar hasta que Sevilla fue invadida por los franceses en 1810, trasladándose la imagen al Alcázar. Tras la desamortización de 1836, el Cristo es trasladado a la Sacristía de los Cálices en la Catedral de Sevilla, y es a partir de este momento, cuando se le conoce como “Cristo de los Cálices”. En 1993, se sitúa donde lo podemos ver hoy día con una capilla propia.
Fuentes bibliográficas:
-lacamaradelarte.com
-institucional.us.es

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