Pintada sobre tabla, se encuentra a la misma altura que los óculos que iluminan la Sala Capitular. Fue el primer encargo a Murillo por parte del Cabildo Catedral en 1662, junto con los tondos de las figuras de Santos relacionados con la historia de Sevilla (San Hermenegildo, San Fernando, San Isidoro, San Leandro, etc).
La obra destaca por la delicadeza de su rostro y la belleza de su figura. La anatomía de la Virgen aparece envuelta por un fondo de nubes de variadas tonalidades, entre las que se mueven ángeles que portan símbolos de las letanías lauretanas. La mirada baja y sus manos juntas parecen como querer acunar la plenitud de gracia que lleva dentro desde su  Inmaculada Concepción. Esta obra abrió paso a otras que se encuentran en la Catedral de Sevilla.
Las diversas Inmaculadas pintadas por Murillo tienen algunos datos estéticos y descriptivos en común. Pero ésta de la Sala Capitular es especialmente significativa en su descripción única. El hecho de estar colocada a una gran altura hace que no se aprecie generalmente en todo su valor. Se puede afirmar que esta obra de Murillo es una de las más importantes en la iconografía de la Inmaculada.
Fuente bibliográfica: archisevilla.org

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