La reciente restauración de esta pintura ha permitido que pueda ser contemplada de cerca por el público.  Su ubicación original,  se encuentra a nueve metros de altura, sobre la puerta de la Capilla Sacramental de la Parroquia de San Vicente. Dada a conocer en el año 2001, se encontraba enmascarada por barnices oxidados y oscurecida por el paso del tiempo, lo que no permitía apreciarla en detalle. Su forma curva en la parte superior se adaptaba a la bóveda que cubre la capilla.
La Hermandad Sacramental de San Vicente se estima que fue fundada por doña us en 1511, siendo una de las primeras de la ciudad. Desde sus inicios desarrolló una gran actividad, recibiendo legados de Hermanos y feligreses, como manifiesta su patrimonio. En su historia fue una constante dignificar el lugar en el que residía la Eucaristía.  El Concilio de Trento (1545- 1563) exaltó y defendió el dogma de la transubstanciación, es decir, la presencia real de Cristo en el pan y el vino consagrados. Esto favoreció el desarrollo de las hermandades sacramentales y con ello el fomento de las representaciones artísticas en torno a este tema.
Aunque está firmada y fechada en 1641, las primeras noticias que documentan la pintura en la Hermandad datan de mediados del XVIII, en los años en que la capilla sacramental se somete a una necesaria reparación. La adición de dos pinturas más tardías en los laterales del bastidor completando un medio círculo, permiten pensar que la mencionada reforma de la capilla modificó su emplazamiento original para ubicarla donde actualmente se encuentra.
La pintura muestra la Eucaristía en la custodia centrando la composición, mientras que es venerada por toda una corte de querubines y serafines dispuestos en círculos concéntricos, flanqueados por ángeles mancebos. En el ostensorio convergen las embelesadas miradas que se acompañan con gestos de adoración, excepto la del ángel situado en la base que se dirige al espectador, recurso admonitorio frecuente en la época.
Esta particular iconografía que se relaciona estrechamente con las Hermandades Sacramentales, es desarrollada aquí con un particular movimiento y riqueza visual.  Una luz cálida que irradia desde lo más alto inunda la escena. La luminosidad va graduándose a medida que desciende y define a su vez las formas, perfilando las figuras juveniles de los laterales, mientras que en el registro superior las cabezas infantiles están apenas esbozadas.
La restauración permite valorar el atrevido cromatismo, presente en los malvas, amarillos y rojos de los ropajes. Pero particularmente deja al descubierto en este lienzo la pincelada valiente de Herrera, su técnica enérgica, casi brutal, realizado en la plenitud de su carrera artística. Las superficies pulidas de la pintura sevillana de la generación anterior, han dejado paso, con el impulso de Roelas, a una pintura arrebatada e impulsiva.
El precedente técnico de Roelas en cuanto al modo del empleo del color y la pincelada de ascendencia veneciana, se consolidó de un modo muy personal en Herrera el Viejo, que a su vez sirvió de puente con la generación siguiente. Fue Valdés Leal quien culminó en el ámbito sevillano esta manera, brava e impulsiva, tan personal, de entender la pintura, que fue un rasgo constante entre los artistas españoles, siendo Goya quien lo desarrolló con mayor intensidad.
El cuadro se puede contemplar en el Museo de Bellas Artes, desde el 7 de Julio al 19 de Septiembre.
Horarios y entradas: museosdeandalucia.es/web/museodebellasartesdesevilla/informacion-general

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