No hay noticias históricas sobre el origen de esta casa e incluso se desconoce el origen de su nombre “Casa del Rey Moro”.

En 1839, Félix González de León decía: “Con efecto es una casa grande muy antigua, enriquecida por toda ella con hermosas labores arabescas ya muy estropeadas, y algunas puertas también tienen arcos árabes, pero de estas casas hay muchas en Sevilla sin llamarse del Rey Moro que no se que origen tenga”.

Se venía conociendo con este nombre, así como el huerto posterior a la casa, actualmente un solar como “Huerto del Rey Moro”. Las investigaciones sobre el origen de este nombre, nos llevan a los Padrones de la Parroquia de Santa Lucía de los siglos XVII y XVIII, en los que aparece ya la denominación de “Casa del Rey Moro”, con referencias idénticas al huerto. Desde este momento, Celestino López Martínez comienza un repaso de todos los reyes “moros” que hubo en Sevilla en los siglos XII y XIII. Llegando a la conclusión de que el verdadero habitante de esta casa y a quien se debe el nombre es el Rey de Niebla y del Algarve D. Abenmafor, a mediados del siglo XIII.

Por los restos conservados, nos consta que la llamada “Casa del Rey Moro” no es sino una construcción mudéjar, por sus rasgos estilísticos y tipología de fines del siglo XV. Esta denominación se la dio el vulgo, ya que desde muy antiguo, por su aspecto morisco y sus curiosos y orientalizantes arcos y pilares del patio. Son por tanto aspectos estilísticos los que dan pie a fechar el inmueble a fines del siglo XV y comienzos del XVI. El arquitecto Alfonso Jiménez, concreta las fechas entre 1490 y 1505, tomando como puntos de referencia las fábricas de ladrillo en limpio bicolores y la desaparecida reja plateresca.

Desde muy pronto, la casa pasó de ser propiedad familiar a casa de vecinos. Con certeza sabemos que en el siglo pasado era casa de vecinos. González de León hacia 1840 afirmó que “al presente es tienda”, lo cual hay que entender en el sentido de que las crujías de fachada era la ubicación de algún tipo de comercio y la parte más profunda de la casa, lugar de habitación de diferentes inquilinos. Joaquín Guichot realizó un dibujo en 1876 de esta casa y advierte en el título que en aquellos momentos estaba convertida en casa de vecinos. Esta conversión originó una serie de cambios en la tabiquería interior, así como en la remodelación del espacio de las galerías del patio, como ocurre en todo proceso similar de transformación de inmuebles históricos en casas de vecinos.

Celestino López, en los años treinta del siglo XX, señala que por entonces la cal cubría los muros antiguos ocultando “las preciadas labores arabescas” y afirma que la casa poseía muchas tradiciones y evocaba curiosas páginas de la historia hispalense.

La finca está en una importante vía de la red urbana medieval, la Calle Sol, que comunicaba las collaciones de San Román y Santa Lucía, lindando con el huerto con fincas sitas en las Calles Enladrillada y Marteles. La casa se inserta en una parcela rectangular de grandes proporciones que formó parte de otra mayor de la que aún restan jardines. Debió constituir una de las primeras implantaciones al borde del antiguo camino a la Puerta del Sol, por lo que su planta presenta un perímetro muy regular que difiere del resto de las de su entorno.

La casa tiene dos fachadas, la principal a la Calle Sol y otra, en su lateral izquierdo, que permitía el acceso, en época histórica, a la huerta de la vivienda y que actualmente es una pequeña calle sin salida. Posee planta rectangular y una distribución espacial en torno a un patio central porticado en tres de sus lados. Las zonas anterior y posterior del inmueble están constituidas por dos crujías, mientras las laterales presentan sólo una y de menor anchura.

La fachada, de ladrillo visto encalado y sin decoración, tiene dos puertas: una moderna que da acceso a un ala dedicada a sala de exposiciones y la original del edificio. En la planta primera destacan un balcón, un pequeño vano y una cornisa de escaso vuelo que se desarrolla por toda la fachada y sostiene las tejas de las cubiertas hasta llegar al mirador, de factura reciente.

Las distintas remodelaciones que ha sufrido la casa hacen que sea el patio, que ha permanecido sin reformas, el espacio de mayor interés. Presenta arcadas completas en la planta baja y alta en los flancos norte y sur, y sólo la alta en su lado este. Donde éstas faltan existe un muro en el que se abren vanos comunes. Las arcadas se sostienen por pilares de ladrillo de color rojizo de diferentes secciones, siendo en la planta baja octogonales y con basas simples. Los arcos peraltados enmarcados en alfices apoyan en capiteles con forma e paralelepípedo recortados en la parte inferior de los ángulos. En las galerías altas existe una gran tipología de soportes, los arcos son rebajados e igualmente enmarcados en alfices. El resto de los componentes del patio pertenecen a la última restauración. En las demás estancias la adaptación a nuevos usos ha homogeneizado su aspecto. Elemento a destacar en el inmueble es la techumbre del salón principal, un artesonado de tirantes, de estilo mudéjar, bastante restaurado, de traza sencilla, en el que únicamente aparece decoración de lacería en los tres tirantes.

Del amplio huerto arbolado de que disponía, actualmente todavía se conserva una noria y parte de lo que fue dicho huerto, que ha sufrido un proceso de segregaciones, pero que en parte se mantiene.

Fuentes bibliográficas:

-Sevilla. El casco antiguo. Historia, arte y urbanismo (Diego Cardoso Bueno).

iaph.es

fundacionblasinfante.org

sevillanadas.blogspot.com

sevilla.abc.es

siglosdesevilla.blogspot.com

 

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